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Con sabor latino en Masaryk

  • Melanie Beard
  • 10 hours ago
  • 2 min read

En una avenida donde todo parece moverse con prisa, Mestiza Polanco propone lo contrario: una pausa que transforma el ritmo de la Ciudad de México. Al momento de entrar en el restaurante noté que hay aquí una energía que se percibe en cada momento, algo que mezcla lo festivo con lo íntimo, como si el espacio estuviera diseñado para que la ciudad se quede afuera por un momento, sin desaparecer del todo. Aquí, la experiencia comienza antes del primer plato.


La cocina se construye desde una idea clara: reinterpretar sin perder raíz. El alma de Mestiza trata de encontrar un punto de equilibrio donde el sabor tenga sentido por sí mismo. Hay una soltura en la propuesta, una manera de abordar lo mexicano y lo latino que evita lo evidente y se apoya en contrastes bien pensados.



Los sabores llegan en capas, construyendo un recorrido que alterna entre intensidad y frescura. Los elotes rostizados, envueltos en mantequilla de especias y acompañados por una salsa de yogurt con jalapeño, abren con un guiño cálido y especiado, mientras que la burrata con mole almendrado aporta profundidad y contraste, entre lo cremoso y lo complejo. Después, el pimiento asado relleno de queso de cabra suma carácter desde las brasas, equilibrado por la intensidad sutil de su salsa.


El tiradito de hamachi, en cambio, introduce un respiro: cítrico, ligero, con leche de tigre y elote tatemado que despiertan el paladar. La costrosa de camarón, con su crocante de queso manchego, frijoles refritos, chipotle y aguacate, se siente generosa y envolvente, mientras que el wagyu australiano de Jack’s Creek Farm cierra con precisión, dejando que la calidad del producto hable por sí sola. En esa alternancia está la inteligencia de la cocina: saber cuándo intensificar y cuándo contenerse, jugando con el fuego, la acidez y la textura sin perder nunca una línea clara.



Las brasas aparecen como un hilo conductor, aportando profundidad sin dominar. Hay preparaciones que encuentran en el calor directo una forma de expresar mejor su carácter, mientras otras se inclinan hacia lo más limpio, lo más inmediato. Esa dualidad mantiene la experiencia en movimiento, evitando cualquier sensación de monotonía.


La cocina encuentra su sentido en la autenticidad, en el respeto por el origen y en la forma en que cada ingrediente conserva su voz. Cada plato parece partir de una geografía distinta: la frescura vibrante de un ceviche que remite al Pacífico, la profundidad de los sabores mexicanos que evocan tradición, o la contundencia de una parrilla que habla desde el fuego. Aquí, cocinar es una manera de honrar el origen y de traducirlo en una experiencia que se siente viva, actual y profundamente conectada con sus raíces.


Mestiza parece evolucionar a lo largo de la noche. Lo que empieza como una comida se transforma en algo más dinámico, más suelto, más cercano a una celebración espontánea. Mestiza une la autenticidad de la cocina mexicana con el ritmo vibrante de la ciudad. Rodeado de detalles artesanales y vasijas de barro, es el lugar perfecto para compartir buenos momentos y saborear platillos con identidad.



 
 
 

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